sábado, 21 de diciembre de 2013

El derecho a decidir y la lucha de clases





Reformar la Ley del aborto va mucho  mas allá de satisfacer las pretensiones "morales" de  los sectores ultra conservadores y católicos de la derecha y de la Iglesia española.
Responde a una ideología con un fundamento más materialista y no tan espiritual como se pueda pretender. Cuando se limitar el derecho a decidir de la mujer, a decidir libremente el ser o no ser madre, no se hace para garantizar el derecho a la vida del no nacido, sino con objeto de cercenar las libertades de las mujeres que pertenecen a una cierta clase social. A una clase social a la que se le ha obligado a prescindir de todos los derechos sociales alcanzados, privada del derecho al trabajo digno, privada al derecho a la vivienda, condenada al trabajo precario hasta su vejez y lastrada a pagar los excesos de un capitalismo feroz que ha convertido sus privilegios en las necesidades de la clase trabajadora, trasladandole en exclusividad los costes de las crisis que éste provoca.
Limitar el derecho al aborto solo servirá para obligar a las mujeres con pocos recursos a tener que costearse el aborto en clínicas ilegales, poniendo en juego su vida con ello, y a las mujeres sin recursos las forzara a un mayor empeoramiento se su situación socio económica al obligarlas a tener hijos para los que no están preparadas ni moral, ni social ni económicamente, ya que en ninguno de los supuesto de la reforma, la situación económica es motivo de aprobación.
Sin embargo, para la mujer con una situación económica prospera, suficiente como para permitirle cierto "nivel de moralidad", le va a ser muy fácil decidir el ser madre o no. Es por eso por lo que la cuestión del aborto se traslada al ámbito de lo económico y no de lo moral, en otro claro ejemplo de lucha de clases en las que las protagonistas son en exclusividad las mujeres.
Con esta reforma, se retrotrae a la mujer a condiciones propias del siglo pasado; postergadas a la actividad domestica y obligadas de nuevo a la maternidad, al servicio de la casa, los hijos y el hombre.