Convención Política del PSOE;
Una Convención que no convence
El PSOE anda enfrascado, como de vez en cuando, en lavados de caras y
cambios de vestuarios. Algo habitual en este partido cada vez que se sumerge
voluntariamente en uno de esos pozos sin fondo plegándose ante la “impotencia” a
la que “la realidad” (la que ellos y el resto de la derecha recurren cuando se
niegan a cambiar las cosas) le obliga.
“Vuelta a los orígenes, contacto con la calle y unidad de
partido” como reivindicación para salir de ese pozo. Pero, ¿Qué significa la
vuelta a los orígenes? Volver tal vez a la ideología anterior al XXVIII
Congreso, recuperar el ideal socialista republicano…me temo que no. Como se
puede reivindicar el contacto con la calle, cuando la mayoría de los líderes abandonaron
o no apoyaron ninguna de las manifestaciones durante el periodo Zapatero. En cuanto
a la unidad de partido, solo hay que mirar cómo está el patio para darse cuenta
de cuál es la realidad; la de un líder que se desvanece por momentos, con menos
valoración por los ciudadanos que el propio Rajoy, y un PSC con una visión territorial
de España propia y ajena a la oficial del PSOE. Varones en constante contradicción
con su “rey”
DESIGUALDAD es el lema, como objetivo en esta convención política.
A buenas horas….que diría aquel. Darse cuenta a estas alturas de la película que
la lucha por la desigualdad es fundamental para conseguir una justicia social
resulta un poco insultante, sobre todo para miles de socialistas que han visto
mermados sus derechos “gracias” a aquella genial idea de obligar al pago de la
deuda por encima de cualquier otro interés, mediante la modificación del
art.135 de la Constitución. Una medida que acabara acrecentando la desigualdad
ya que los costes del pago de la deuda siempre se cargaran sobre las espaldas
de los más débiles.
Este es una convención a lo “gato negro”… que todo cambie para que
nada cambie. Los temas fundamentales, los que preocupan a los miles de
socialistas desencantados ni siquiera se abordan, el republicanismo amparado
por la mayoría de las bases (según las encuestas), la excesiva corrupción
institucionalizada en gobiernos de larga permanecía, la cuestión territorial o la falta de
liderazgo dentro del partido.
El PSOE ignora los motivos de desafección del votante. La
falta de una política amparada en una ideología clara de izquierda es el principal motivo de la pérdida de votos. Un excesivo
corporativismo por parte de los barones del partido han convertido al PSOE en
un partido cartelista, ambiguo políticamente, encerrado en sus propios intereses partidistas
y con unos contornos tan desdibujados que apenas son matices los que lo separan
del PP.
Cuando Ramón Jáuregui admite que “no se pudo hacer otra cosa”, refiriéndose
al giro en al política económica de Zapatero en agosto de 2010, genera una percepción en el ciudadano de izquierdas de
que esta ante el mismo partido político cuando lo compara con el PP. El
ciudadano ya no encuentra diferencia
alguna en la política que practican los partidos del “régimen de la transición”;
acatamiento total y sumisión incondicional a los designios neoliberales de la
Troika, imposición de medidas de socialización de las pérdidas que el
capitalismo neoconservador provoca en cada una de sus crisis, la defensa de una
monarquía de tradición franquista y la falta de decisión ante una iglesia
reaccionaria que continua con esa tradición de dominación política y social.
Ni ruido ni nueces, me temo que esta convención pase desapercibido
para la mayoría social socialista y solo sea un logro de unidad y revitalización
del partido para el “socialismo mediático”. El PSOE necesita algo más que una
cara nueva volviendo a decir, una vez más, “nos hemos equivocado”. No está mal
reconocerlo desde luego, eso siempre es el principio. Pero al igual que ni la cirugía estética puede cambiar el interior de
una persona, un partido que dejo hace tiempo de ser socialista, lo va a volver
a ser solo redibujando la rosa de su insignia.
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