domingo, 27 de octubre de 2013

La doctrina Parot o el Estado de Derecho

                                               
  La doctrina Parot o el Estado de Derecho

Resulta complicado abordar con sensatez y desde un criterio racional todo lo relacionado con la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, por la que se declara ilegal la doctrina Parot,  sin el temor de menospreciar a las víctimas. Es por eso por lo que se acaba contentando a estas últimas pasando de puntillas y con sigilo por el lado de la ley y del derecho internacional
Para  ciertos grupos de opinión; políticos, periodistas y analistas, les es más fácil y como no, más productivo también,  caer en el populismo a costa de sacrificar la coherencia más elemental. Y me refiero a la aptitud de algunos dirigentes políticos que se contradicen a ellos mismo como políticos y al Estado de Derecho al criticar la sentencia del Tribunal de  Estrasburgo, cuando lo coherente seria hacer pedagogía con el ciudadano haciéndole entender que el concepto de “imperio de la ley” como fundamento del Estado de Derecho nos asiste a todos por igual. Hacer entender al ciudadano que el derecho internacional, al que estamos sujetos y al que representa el Tribunal de Estrasburgo, es lo que nos garantiza a la ciudadanía la aplicación de la justicia en el marco internacional y preserva las leyes que garantizan los Derechos Humanos. En definitiva, hacerles ver a los ciudadanos y en especial a las víctimas, que el culpable de este desaguisado no ha sido Estrasburgo, sino el Gobierno, tanto el actual como el anterior, con su decisión de  usurpar el principio constitucional de irretroactividad de la ley y ocultar su ineptitud con el propósito de satisfacer a las víctimas.
La imagen del ministro de justicia o el de interior, cabizbajo,  disculpándose ante un sector de las víctimas y de la ciudadanía, pidiendo perdón por no poder vulnerar el elemental principio de irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables , incluido en el artículo 9 de nuestra Constitución, y principio fundamental del derecho internacional, resulta como poco, patético e insultante.
Menospreciar el Derecho Internacional, cuestionar al Tribunal de Derechos Humanos, al mismo tribunal, por cierto, que ratifico la sentencia del Constitucional de declarar ilegal al entorno político de ETA
Tal vez, lo lógico y también lo coherente, hubiese sido explicar porque tuvieron que pasar  más de treinta años de terror y asesinatos de ETA para que se decidiera a cambiar el Código Penal, y ampliar con ello el máximo de prisión permitido. Pero, claro, se verían en la tesitura de explicar por qué durante todos estos años la lucha antiterrorista estuvo más vinculada a estrategias basadas más en intereses políticos que en acabar con el terrorismo.
Y ni que decir tiene que, hubiese sido deseable observar el mismo recelo y protección que muestra este Gobierno hacia las víctimas de ETA que hacia las del franquismo, estas a las que lejos de hacer “juegos malabares” con la ley para protegerlas, directamente se las ignoran, a la ley y las víctimas.
Pero no se puede abordar esta cuestión sin entrar el fondo de la misma. Y el fondo radica en qué concepto de castigo queremos. ¿Es la reinserción el fin de cualquier pena (art.25 CE) o lo que buscamos es la venganza?  ¿Qué castigo o cual sería el número de años de condena que satisfacerían nuestras consciencias? ¿Y la de la víctima? La terrorista Inés del Rio ha pasado en prisión veinte tres  años. Si no se hubiese derogado la doctrina Parot, hubiese salido siete años más tarde, cumplimento el máximo permitido que es de treinta años. ¿Se hubiesen dado por satisfecho las víctimas? ¿Qué estaríamos pidiendo entonces?
Nadie se puede colocar en el lugar de las víctimas. Podemos entender, compartir o incluso participar de su dolor. La diferencia radica en que a los demás, el dolor, la pena y el recuerdo nos dura lo que la noticia dura. Pero para una víctima el dolor es eterno. ¿Cuál es el principio que ha de regular el derecho?, ¿el dolor? O la razón.
Flaco favor a la justicia y a la sociedad en general hace el político que menosprecia el derecho y la ley en pro de un populismo por el que no dudara en utilizar a las víctimas como instrumento del interés partidista en algunos momentos y el menosprecio más absoluto en otros.

La manipulación constante que se hace de las víctimas y de sus sentimientos por parte de la derecha española, otorgándose el patrimonio absoluto del dolor y del reconocimiento de las víctimas, daña nuestra democracia, nuestro Estado de derecho y por supuesto menosprecia el dolor de las víctimas.

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